viernes, 5 de septiembre de 2008

lugares, sitios, aventuras y percances

la primera vez que me decidí a ir a correr estando en Valladolid, opté por subir corriendo a la Finca. no está mal, son 5 km. me encontré con dos problemas, el primero, que casi todo el camino discurre por calles con mucho tráfico: Calle La Estación, Plaza Circular, San Isidro, Carretera de Soria... el segundo problema es que, una vez percatado del efecto de los humos en mis vías respiratorias, opté por un desvío por el Barrio Las Flores y entonces me perdí entre callejones sin salida y circunvalaciones nuevas, lo que me hizo perder ritmo y entusiasmo. en general, no disfruté mucho de esta aventura, no.

la segunda vez que lo intenté fue ya desde la Finca, una mañana gloriosa del mes de Julio. cogí el Camino del Bosque en dirección a la Fábrica de Ladrillo y, una vez rebasada ésta, giré a la derecha como para ir a La Cistérniga. Sé que ese camino muere en alguna circunvalación o rotonda maldita, así que, tan pronto como vislumbré unas roderas de tractor a la izquierda, como subiendo al Lago de la Cal, giré en esa dirección y empecé a subir por el campo en barbecho. No pude encontrar ni rastro del antiguo lago, y seguí, con la esperanza de dar con el campo de fútbol del Cistérniga C.F., pero nada. Donde se suponía que éste debía estar, empezaba un campo de avena, el cual rodeé por la linde. Mi ritmo de carrera iba decelerándose por momentos, como cabe imaginar. Además de mirar al suelo para no pisar en falso, seguía buscando pistas del camino hacia la carretera que sube a la antena del Cerro del Aguila que tantas veces habíamos subido con las bicis. La linde terminaba en otra linde, esta vez de un campo de trigo, más escarpada y llena de todo menos de trigo. En un momento dado hubo que atravesar un pequeño trecho de campo, de cebada, creo, para llegar a lo que parecía iba a ser una linde que conducía a la salida a todo esta pesadilla cerealística. Mi ánimo iba en franca decadencia, máxime cuando vi que la linde terminaba en otro campo de lo que fuese, constatar que me había perdido y que la vuelta atrás sería tan trabajosa como desesperado el camino hacia adelante. Allá, a unos cien metros, una franja verde ensombrecida por un pinarillo, marcaba lo que a todas luces era la dichosa carretera al cerro. Si alguna vez me volviese cura, utilizaría ésto para definir el Purgatorio. Son sólo cien metros los que te separan de la salida, pero tienes que atravesar un campo de trigo y cardos que te arañan hasta el alma, y que si intentas correr es peor, y ay de ti si tropiezas... Al acercarte, además, pierdes de vista tu objetivo y al llegar a la franja verde y trepar agarrándote a lo que sea, sólo deseas que no se trate de otro condenado campo de malditos cereales y, cuando pisas el bendito asfalto no te lo crees. Ahora bien, la desesperación de minutos antes no te ha permitido percatarte de una nueva realidad; das un paso y tus pies te hacen aullar... miras hacia abajo y tus zapatillas y calcetines han desaparecido bajo un enjambre de espinas, espigas de toda clase y semillas trepadoras. un poco más arriba, tus piernas parecen las de un nazareno de la escuela castellana. tras 15 minutos (por cada pie) de quitarme toda esa mierda de encima, continué mi camino, esta vez sin mayores percances, y tratando de olvidar el incidente. hasta hoy, que me ha vuelto a suceder algo parecido.

2 comentarios:

Eugenio Martínez Sierra dijo...

No pones ni una mayúscula en el diseño del sitio. Ni media.

Hala, recomiendo canción y, sobre todo, artista, que estoy escuchando:

http://www.youtube.com/watch?v=GbN9EXYTGnA

manolai dijo...

escuchado y releído. perfecta medida.olé.