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martes, 14 de abril de 2009

rendörség

llevaba buscando durante meses, a un policía. a uno de esos Municipales que parece que sólo están para poner multas. no obstante, les concedió el beneficio de la duda, durante meses, buscando a uno, por su barrio, que pudiese contestarle a una duda, una complicada cuestión acerca de las zonas de aparcamiento, azules; y líneas amarillas, y vados permanentes. desde que la zona azul se lo tragaba todo, aparcar en su barrio se había vuelto poco menos que imposible.


no sólo éso. también llevaba semanas intentando comunicar, sin éxito, con la comisaría de Policía local. nunca le cogían el teléfono. finalmente, una persona en la comisaría resolvió su duda de forma satisfactoria, es decir, le dieron la razón. feliz y confiado, aparcó el coche en aquel lugar confusa y contradictoriamente señalizado.


al día siguiente, la grúa se lo había llevado y, en su lugar, tan sólo había dejado una pegatina verde de forma triangular, pegada al suelo.


con la multa en la mano y su mejor buena fé se dirigió a la Comisaría de Policía en persona. allí pidió hablar con el jefe. éste le recibió, y escuchó su historia de calles por las que nunca pasa un policía, o líneas de teléfono desatendidas, o de calles mal señalizadas.


- Pero esa calle no pertenece a esta jurisdicción

- Sí, sí pertenece

- (a un compañero) Oye, ¿la calle X pertenece a nuestra jurisdicción?

- (compañero) Sí, sí pertenece


...


- Mira, joven, si lo que quieres es que te quite la multa, yo éso podría hacerlo. Lo que no puedo tolerar es que vengas a decirme, en mi propia Comisaría, lo mal que trabajamos

miércoles, 25 de marzo de 2009

bach

hace muchos años, un amigo muy aficionado a la música clásica especulaba sobre qué pasaría si en una discoteca llena de bacalatas -se refería en concreto a la Perindola, Valladolid- de repente el dj en lugar del Chimo Bayo pusiese una pieza de Mozart, o de Bach. su teoría era que el efecto sería mucho más psicodélico y demoledor, más alucinante y alucinógeno que todas las pastillas que la peña se estaba metiendo. 

algo parecido sucedió el otro día, cómo no, en el Lisboa. la chica que pintaba el techo pidió Bach, y acto seguido sonó la Primera Suite para Chelo. en contra de la teoría de mi amigo, allí nadie flipó ni se encabronó (esa era la teoría del dj) ni puso ninguna cara rara. todos los que quedábamos allí, un lunes de madrugada, símplemente escuchamos y apuramos nuestras cervezas.

me encantaría volver a ver a mi amigo y contarle este episodio. seguramente lo apreciaría. en cambio,todo esto ¿qué les importa al Alcalde de Valladolid y a sus matones? tras meses de acoso y presiones (en favor de Dios sabe qué intereses) por fin se van a salir con la suya y cerrar el Lisboa

sábado, 21 de marzo de 2009

lisboa


uno está pensando en irse,
ensimismado en la huida,
en lo que deja atrás, la distancia.
se olvida uno de los que a su vez
se despiden para no volver...

ah, pero no voy a emplear el tono poético esta vez. cierran el Lisboa porque al Alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, cacique y mandamás indiscutible de la 'su' ciudad, se le han llenado las retinas de brillos de los euros que se van a percibir por la demolición de viejos edificios y posterior construcción de apartamentos de lujo en la zona centro.

no se me olvida, y no le perdonaré jamás lo que hizo con el edificio donde estaban el Montesol y La Calleja, demolido con la excusa de recuperar el espacio para el disfrute público. aunque a los pocos meses llamase la atención la excavación de cimientos y, al año, la elevación de un edificio de cuatro plantas -también de lujo- frente a la fachada de la Universidad. 
casualidad.

el Café Lisboa dejará sin duda un vacío, y sobre todo será más difícil encontrar en el barrio un lugar como aquel para pasar un rato agradable. hasta siempre