el otro día escuchaba una grabación en la que unos españoles describían sus domingos ideales. sus babeantes fantasías, apenas inteligibles para los aprendices del idioma, consistían en levantarse a las mil, no hacer nada, tal vez leer algo, comer tardísimo después de tomar el vermú, y abundantes eufemismos sobre hedonismo sexual matinal y vespertino.
mi domingo, este domingo, dista mucho de ser ideal por diversas razones: en primer lugar eufemísticas, pero también debido a la ristra de malas noticias que han marcado la semana.
sin embargo, todas estas circunstancias han contribuido al diseño y ejecución de un plan dominical perfecto: he puesto a sonar los Conciertos de Brandenburgo de Bach mientras agarraba la novela que empecé anoche y que, de nuevo, me ha inspirado un delicioso sopor; al cabo de un armónico sueñecito un rugido de mis tripas me ha despertado, e inspirado el desayuno perfecto: torrijas con jamón, tomate y aguacate, mientras calentaba la cocina asando unos pimientos en el horno. he acercado la hamaca a la estufa y, mientras tecleo esto, me asalta la duda : ¿me preparo otro café o me vuelvo de un brinco a la cama?
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domingo, 27 de noviembre de 2011
miércoles, 25 de marzo de 2009
bach
hace muchos años, un amigo muy aficionado a la música clásica especulaba sobre qué pasaría si en una discoteca llena de bacalatas -se refería en concreto a la Perindola, Valladolid- de repente el dj en lugar del Chimo Bayo pusiese una pieza de Mozart, o de Bach. su teoría era que el efecto sería mucho más psicodélico y demoledor, más alucinante y alucinógeno que todas las pastillas que la peña se estaba metiendo.
algo parecido sucedió el otro día, cómo no, en el Lisboa. la chica que pintaba el techo pidió Bach, y acto seguido sonó la Primera Suite para Chelo. en contra de la teoría de mi amigo, allí nadie flipó ni se encabronó (esa era la teoría del dj) ni puso ninguna cara rara. todos los que quedábamos allí, un lunes de madrugada, símplemente escuchamos y apuramos nuestras cervezas.
me encantaría volver a ver a mi amigo y contarle este episodio. seguramente lo apreciaría. en cambio,todo esto ¿qué les importa al Alcalde de Valladolid y a sus matones? tras meses de acoso y presiones (en favor de Dios sabe qué intereses) por fin se van a salir con la suya y cerrar el Lisboa
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